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viernes, 14 de marzo de 2025

CHARLA EN LA SEMANA DEL ENFERMO EN LA PARROQUIA DE SAN ACISCLO EN CÓRDOBA 2025. España.





 CHARLA EN LA SEMANA DEL ENFERMO EN LA PARROQUIA DE SAN ACISCLO EN CÓRDOBA 2025. España. 


                












INTRODUCCIÓN AL BLOG

VAYAMOS AL ENCUENTRO pretende ser un blog para reafirmarse en la aventura de la fe cristiana, sabiendo, como nos decía Benedicto XVI que “la fe cristiana es ante todo encuentro con Jesús, una persona que da a la vida un nuevo horizonte… " (3-10-2007).



   CHARLA EN LA SEMANA DEL ENFERMO EN LA PARROQUIA DE SAN ACISCLO EN CÓRDOBA 2025. España. 


               





CHARLA EN LA SEMANA DEL ENFERMO EN LA PARROQUIA DE SAN ACISCLO EN CÓRDOBA 2025. España. 

 

1.-UNA OPCIÓN POR LA SALUD.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la Salud como “el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedades y dolencias”. 

*DIMENSIONES DE LA SALUD:         

 A) DIMENSIÓN FÍSICA: estar bien.                    

B) DIMENSIÓN PSICOLÓGICA: sentirse bien.       

C) DIMENSIÓN PERSONAL: ser bien.

2.-ENCUENTROS LIBERADORES   DE JESÚS DE NAZARET.                       

  El encuentro de Jesús con los enfermos y marginados debe ser siempre para la Iglesia el modelo de conducta para todos los que creemos en la presencia liberadora y redentora de Jesucristo   resucitado.          

 La salvación que nos trae Jesús es una salvación integral, que afecta a todas las dimensiones de la persona.   

Jesús de Nazaret cura enfermos, sana y libera a la gente, y todo lo hace no para convencer y buscar el reconocimiento y la aprobación de los demás, sino como signos de que “el Reino de Dios ha llegado”.      

2.1. PASAJES EVANGÉLICOS QUE NARRAN EL ENCUENTRO DE JESÚS CON LOS ENFERMOS.           

     La actividad de Jesús sanador con las personas enfermas ocupa un lugar notable en los evangelios. Él mismo se refirió a sí mismo dos veces utilizando la imagen del médico (cf. Mc 2,17; Lc 4,23).  

    1.-“Se marchó de allí y fue a la sinagoga de ellos. Había allí un hombre con un brazo atrofiado; para poder acusar a Jesús, le preguntaron: ¿Está permitido curar en sábado? El les respondió: “supongamos que uno de vosotros tiene una oveja, y que un sábado se la cae en una zanja, ¿la agarra y la saca o no? Pues ¡Cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, está permitido hacer el bien en sábado”. Entonces le dijo al hombre: “Extiende el brazo. Lo extendió y quedó sano y normal como el otro” (Mt 12,9-14s).   

  2.-“Terminada la travesía atracaron en Genesaret. Los hombres del lugar, al reconocerlo, avisaron por toda la comarca, y le llevaron los enfermos, rogándoles que les dejara tocar siquiera el borde de su mano, y todos los que lo tocaron se curaron” (Mt 14,34-36).    

   3.-“Al salir de la sinagoga se fueron derechos a casa de Simón y Andrés llevando a Santiago y a Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron en seguida. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y les estuvo sirviendo” (Mc 1,29-31).

4.-“Al salir de Jericó lo siguió mucha gente. Había dos ciegos, sentados a la vera del camino, y al oír que pasaba Jesús, se pusieron a gritar: “¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David! La gente les regañaba para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte: “¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!”. Jesús se detuvo, los llamó y le dijo: “¿Qué queréis que haga por vosotros?” Le contestaron ellos: “Señor, que se nos abra los ojos”. Jesús sintió lástima y les tocó los ojos, al momento recobraron la vista y los siguieron” (Mt 20,29-34).     

5.-“Al bajar del monte, le siguió una gran muchedumbre, y acercándosele un leproso, se postró ante El, diciendo: Señor, si quieres puedes limpiarme. El, extendiendo la mano, le tocó y dijo: Quiero, sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra. Jesús le advirtió: Mira, no lo digas a nadie, sino ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda la ofrenda que Moisés mandó, para que les sirva de testimonio” (Mt 8,1-4). 

6.-“Estaba un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios” (Lc 13,10-13).                                                                            

2.2. ASPECTOS A RESALTAR:

    A) Las curaciones de Jesús son un signo de que el Reino de Dios está empezando a    llegar:  

Los profetas habían anunciado que la curación de los cojos, ciegos, sordos, etc., sería el signo de que se cumplían las promesas de Dios.

 Jesús se refirió a esta profecía para explicar sus curaciones (cf. Mt 11,2-5; Is 35,5-6).   

B) Jesús se acerca  a las personas enfermas con amor, y ese amor es el que los sana y cura.          

C) Jesús cura, sana y salva al enfermo: Jesús ofrece una sanación interior de la persona, abriéndola a la salvación. 

D) Jesús se identifica con las personas marginadas y se pone en el lugar de la persona enferma. Nos señala un camino de misericordia, compasión y amor para con nuestros enfermos. En definitiva, “ver a Cristo en el enfermo y ser Cristo para el enfermo”, porque la Iglesia estamos llamados a ser un “auténtico hospital de campaña”.

 

*Un testimonio elocuente: 

 Amelia tenía 22 años y se fue de vacaciones a Calcuta. Se presentó en el hospital de leprosos que regentaban las hermanas misioneras de Madre Teresa de Calcuta.

    La madre Teresa le había dicho: “Sentirá repugnancia y hasta asco al lavar a los leprosos y curarles sus heridas, pero no vea en el enfermo o en la enferma solamente a un leproso, vea en ellos a Jesús, y verá cómo siente amor y ternura por los enfermos”. Amelia lo hizo así.

   Un día, un musulmán la vio, la saludó y le dijo: “mire, yo soy de religión musulmana y siempre he creído que Jesús de Nazaret es un gran profeta. Hoy creo que Jesús es Dios, porque él ha sido capaz de darle a usted el gozo y el afecto para realizar su trabajo con tanto amor con estos leprosos”.

      Haz que resuene en tu corazón estas palabras: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda.           
      Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver". 

   Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?" Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25, 31-40).

3.-REFLEXIONES DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LA ENFERMEDAD:

A) La enfermedad nos hace experimentar nuestra fragilidad e impone una pregunta sobre el sentido

  La experiencia de la enfermedad nos hace sentir frágiles, nos hace sentir necesitados de los demás.   

B) La enfermedad y el camino de la búsqueda de sentido.   

  El hombre, al descubrir por medio de la fe el sufrimiento redentor de Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propios sufrimientos, los encuentra, por medio de la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y un nuevo significado”  (Carta Apostólica Salvifici Doloris, 20).   

C) El cuidado de la totalidad de la persona enferma.  

  No se debe “olvidar nunca la singularidad de cada enfermo, con su dignidad y su fragilidad”. Es toda la persona la que necesita cuidados: cuerpo, mente, afectos, libertad y voluntad, vida espiritual…. La atención no se puede diseccionar, porque el ser humano no se puede diseccionar.

D) La enfermedad como un fenómeno global y el antídoto de la cultura de la fraternidad.   

     El individualismo y la indiferencia hacia los demás son formas de egoísmo que desgraciadamente se amplifican en la sociedad del consumismo y del liberalismo económico; y las desigualdades resultantes se encuentran también en el ámbito de la salud, donde algunos disfrutan de la llamada «excelencia» y muchos otros tienen dificultades para acceder a los cuidados básicos. 

   Para curar este «virus» social, el antídoto es la cultura de la fraternidad, fundada en la conciencia de que todos somos iguales como personas humanas, todos iguales, hijos de un solo Padre (cf. Fratelli tutti, 272).                       

D) La Iglesia y la parábola del buen samaritano.   

  Teniendo siempre presente la parábola del buen samaritano (cf. ibíd., cap. II), recordemos que no debemos ser cómplices ni de los bandidos que roban a un hombre y lo abandonan herido en la calle, ni de los dos funcionarios del culto que lo ven y pasan de largo (cf. Lc 10,30-32).     

  La Iglesia, siguiendo a Jesús, el buen samaritano de la humanidad, siempre ha hecho todo lo posible por los que sufren, dedicando en particular a los enfermos grandes recursos personales y económicos.

E) Gratitud para los que están cerca de los enfermos.  

   Mis pensamientos están llenos de gratitud a todos los que en la vida y en el trabajo están cerca de los enfermos cada día.   

   A las familias y amigos que cuidan de sus seres queridos con cariño y comparten sus alegrías y esperanzas, su dolor y su angustia.   

  A los médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos y a todo el personal sanitario; y también a los capellanes de los hospitales, a las religiosas y religiosos de los Institutos dedicados al cuidado de los enfermos, y a los numerosos voluntarios.    

      A todas estas personas les aseguro mi recuerdo en la oración, para que el Señor les conceda la capacidad de escuchar a los enfermos, de ser pacientes con ellos, de cuidarlos integralmente, cuerpo, espíritu y relaciones.

4.- ÍDEAS A RESALTAR DEL MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA JORNADA XXXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO-2025. 

(Propuesta en el marco del Jubileo 2025)     

“La esperanza no defrauda” (Rm 5,5) y nos hace fuertes en la tribulación.

4.1. INTRODUCCIÓN ENMARCADA EN EL AÑO JUBILAR 2025.   

Queridos hermanos y hermanas:    

 Celebramos la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo en el Año Jubilar 2025, en el que la Iglesia nos invita a hacernos “peregrinos de esperanza”. En esto nos acompaña la Palabra de Dios que, por medio de san Pablo, nos da un gran mensaje de aliento: «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5), es más, nos hace fuertes en la tribulación. 

4.2.INTERROGANTES:  

      Son expresiones consoladoras, pero que pueden suscitar algunos interrogantes, especialmente en los que sufren. Por ejemplo: ¿cómo permanecer fuertes, cuando sufrimos en carne propia enfermedades graves, invalidantes, que quizás requieren tratamientos cuyos costos van más allá de nuestras posibilidades? ¿Cómo hacerlo cuando, además de nuestro sufrimiento, vemos sufrir a quienes nos quieren y que, aun estando a nuestro lado, se sienten impotentes por no poder ayudarnos? En todas estas situaciones sentimos la necesidad de un apoyo superior a nosotros: necesitamos la ayuda de Dios, de su gracia, de su Providencia, de esa fuerza que es don de su Espíritu (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1808). 

4.3. ASPECTOS A RESALTAR SOBRE LA PRESENCIA DE DIOS QUE PERMANECE CERCA DE QUIÉN SUFRE: EL ENCUENTRO,EL DON Y EL COMPARTIR.

     Detengámonos pues un momento a reflexionar sobre la presencia de Dios que permanece cerca de quien sufre, en particular bajo tres aspectos que la caracterizan: el encuentro, el don y el compartir.

4.3.1. EL ENCUENTRO:  LA ENFERMEDAD ES UNA OPORTUNIDAD DE ENCUENTRO CON EL SEÑOR.   

  Jesús, cuando envió en misión a los setenta y dos discípulos (cf. Lc 10,1-9), los exhortó a decir a los enfermos: «El Reino de Dios está cerca de ustedes» (v. 9). Les pidió concretamente ayudarles a comprender que también la enfermedad, aun cuando sea dolorosa y difícil de entender, es una oportunidad de encuentro con el Señor. En el tiempo de la enfermedad, en efecto, si por una parte experimentamos toda nuestra fragilidad como criaturas —física, psicológica y espiritual—, por otra parte, sentimos la cercanía y la compasión de Dios, que en Jesús ha compartido nuestros sufrimientos. Él no nos abandona y muchas veces nos sorprende con el don de una determinación que nunca hubiéramos pensado tener, y que jamás hubiéramos hallado por nosotros mismos.   

 *LA ENFERMEDAD: OCASIÓN DE UN ENCUENTRO QUE NOS TRANSFORMA.  

   La enfermedad entonces se convierte en ocasión de un encuentro que nos transforma; en el hallazgo de una roca inquebrantable a la que podemos aferrarnos para afrontar las tempestades de la vida; una experiencia que, incluso en el sacrificio, nos vuelve más fuertes, porque nos hace más conscientes de que no estamos solos. Por eso se dice que el dolor lleva siempre consigo un misterio de salvación, porque hace experimentar el consuelo que viene de Dios de forma cercana y real, hasta «conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida»  San Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes, Nueva Orleans, 12 septiembre 1987).        

4.3.2. DON: EN EL SUFRIMIENTO NOS DAMOS CUENTA DE QUE TODA ESPERANZA VIENE DEL SEÑOR.   

   Y esto nos conduce al segundo punto de reflexión: el don. Ciertamente, nunca como en el sufrimiento nos damos cuenta de que toda esperanza viene del Señor, y que por eso es, ante todo, un don que hemos de acoger y cultivar, permaneciendo “fieles a la fidelidad de Dios”, según la hermosa expresión de Madeleine Delbrêl (cf. La speranza è una luce nella notte, Ciudad del Vaticano 2024, Prefacio). 

*SÓLO EN LA RESURRECCIÓN DE CRISTO NUESTROS DESTINOS ENCUENTRAN SU LUGDAR EN EL HORIZONTE DE LA ETERNIDAD.   

Por lo demás, sólo en la resurrección de Cristo nuestros destinos encuentran su lugar en el horizonte infinito de la eternidad. Sólo de su Pascua nos viene la certeza de que nada, «ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios» (Rm 8,38-39). Y de esta “gran esperanza” deriva cualquier otro rayo de luz que nos permite superar las pruebas y los obstáculos de la vida (cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe Salvi, 27.31). No sólo eso, sino que el Resucitado también camina con nosotros, haciéndose nuestro compañero de viaje, como con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-53). Como ellos, también nosotros podemos compartir con Él nuestro desconcierto, nuestras preocupaciones y nuestras desilusiones, podemos escuchar su Palabra que nos ilumina y hace arder nuestro corazón, y nos permite reconocerlo presente en la fracción del Pan, vislumbrando en ese estar con nosotros, aun en los límites del presente, ese “más allá” que al acercarse nos devuelve valentía y confianza.   

4.3.3. COMPARTIR: LOS LUGARES DONDE SE SUFRE SON A MENUDO LUGARES DE INTERCAMBIO, DE ENRIQUECIMIENTO MUTUO. 

 Y llegamos así al tercer aspecto, el del compartirLos lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo. ¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor! Es decir, nos damos cuenta de que somos “ángeles” de esperanza, mensajeros de Dios, los unos para los otros, todos juntos: enfermos, médicos, enfermeros, familiares, amigos, sacerdotes, religiosos y religiosas; y allí donde estemos: en la familia, en los dispensarios, en las residencias de ancianos, en los hospitales y en las clínicas.

*SABER DESCUBRIR LA BELLEZA Y LA MAGNITUD DE ESTOS ENCUENTROS DE GRACIA Y APRENDER A ESCRIBIRLOS EN EL ALMA PARA NO OLVIDARLOS.     

    Y es importante saber descubrir la belleza y la magnitud de estos encuentros de gracia y aprender a escribirlos en el alma para no olvidarlos; conservar en el corazón la sonrisa amable de un agente sanitario, la mirada agradecida y confiada de un paciente, el rostro comprensivo y atento de un médico o de un voluntario, el semblante expectante e inquieto de un cónyuge, de un hijo, de un nieto o de un amigo entrañable. Son todas luces que atesorar pues, aun en la oscuridad de la prueba, no sólo dan fuerza, sino que enseñan el sabor verdadero de la vida, en el amor y la proximidad (cf. Lc 10,25-37).

5.-PALABRAS DE AGRADECIMIENTO A LOS QUE ASISTEN A LOS QUE SUFREN.  

 Queridos enfermos, queridos hermanos y hermanas que asisten a los que sufren, en este Jubileo ustedes tienen más que nunca un rol especial. Su caminar juntos, en efecto, es un signo para todos, «un himno a la dignidad humana, un canto de esperanza» (Bula Spes non confundit, 11), cuya voz va mucho más allá de las habitaciones y las camas de los sanatorios donde se encuentren, estimulando y animando en la caridad “el concierto de toda la sociedad” (cf. ibíd) en una armonía a veces difícil de realizar, pero precisamente por eso, muy dulce y fuerte, capaz de llevar luz y calor allí donde más se necesita.  

 6.-ORACIÓN A MARÍA, SALUD DE LOS ENFERMOS, DESDE EL AGRADECIMIENTO.     

 Toda la Iglesia les está agradecida. También yo lo estoy y rezo por ustedes encomendándolos a María, Salud de los enfermos, por medio de las palabras con las que tantos hermanos y hermanas se han dirigido a ella en las dificultades:  Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro,¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!   

7.-FINAL: BENDICIÓN Y PETICIÓN PARA PEDIR POR EL PAPA FRANCISCO. 

 Los bendigo, junto con sus familias y demás seres queridos, y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 14 de enero de 2025

6.- SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE ENFERMOS.    

6.1. INTRODUCCIÓN:  

  La Iglesia, en el Vaticano II, expresa   maravillosamente: “Con la sagrada unción de enfermos y con la oración de los   presbíteros, toda la Iglesia entera  encomienda a los enfermos al   Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse  libremente a la pasión y muerte de Cristo, y contribuir así  al bien del Pueblo de Dios” (LG. 11).  

    La UNCIÓN, como el resto de los Sacramentos, es un ENCUENTRO   PRIVILEGIADO del creyente con el         SEÑOR RESUCITADO, con el CRISTO MÉDICO Y PACIENTE.   

 La UNCIÓN CON EL ÓLEO es una acción simbólica que expresa    públicamente el gesto              fraternal de la            comunidad que, atenta a la situación que vive el enfermo, viene en su ayuda, y el deseo expreso de un  fortalecimiento y   curación para él.     

LA ORACIÓN DE LA IGLESIA por el enfermo es una plegaria de intercesión al Señor de la vida y de la muerte por el enfermo, para que le   auxilie, le alivie y le salve.    

6.2.FRUTOS SALUDABLES DE ESTE SACRAMENTO PARA EL ENFERMO: 

*Une el enfermo a la pasión de  Jesucristo; *le produce consuelo, paz y fortaleza.

*Le concede el perdón de los pecados, si no ha podido  obtenerlo con el Sacramento de la    Penitencia.                                                                              *le da la salud corporal, si le conviene, y le prepara para el paso a la vida eterna. 

6.3. ¿QUIÉN PUEDE RECIBIR EL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE ENFERMOS?   

  La unción de los enfermos no sólo se da para los enfermos en peligro de muerte o   enfermos graves, sino más bien para todo enfermo que en su situación necesita y pide la ayuda de Dios.  

  El destinatario de este Sacramento es todo cristiano enfermo bautizado, pero    especialmente:   

 *Enfermos que van a ser operados.  

*Ancianos, cuyas fuerzas se debilitan seriamente, aún  cuando no padezcan una enfermedad grave.  

 *Cualquier fiel que supere los 65 años y se sienta débil por la edad.  

 Como la enfermedad puede ser un estado pasajero de la persona, el enfermo puede recibir este Sacramento tantas veces cuantas se produzca una enfermedad.

 



 

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